Abuelos 2.0

 

La boom de la tecnología y la inmediatez de la información no sólo han invadido la vida de los jóvenes y los niños; la generación digital que ‘los abuelos’ ya dicen que nacen con un SmartPhone bajo el brazo en lugar del tradicional pan: también ya arrollado la de nuestros padres (que desde hace más de año y medio pasaron a ser ‘los abuelos’).

Ellos que hace 20 años miraban con cara de desconfianza aquellos artilugios de la tecnología, capaces hacer cosas que hasta entonces podrían considerarse magia.

Después de años y años de extraños acercamientos como por ejemplo aprender a contestar SMS, o recibir de vez en cuando una foto mediante infrarrojos colocando dos teléfonos como si fueran siameses; hoy reenvían vídeos de dudoso humor por WhatsApp o comentan las noticias de las páginas de noticiarios digitales en Facebook.

Los mismos, sí. Ellos que se negaban a sustituir la vieja línea de teléfono fijo por la línea móvil. Que requerían siempre que alguien mirase quién había llamado ante ese alarmante indicador (“Llamada Perdida”), o que almacenases el último número que había marcado.

Más tarde accedieron a renovar; aunque casi siempre fuese heredar; ese viejo teléfono móvil de fondo verde y enorme cursor negro parpadeante, por uno de pantalla a color, con cámara de unos míseros megapíxeles, que permitía almacenar unas pocas (poquísimas) fotografías familiares (seleccionadas cuidadosamente, que en esa época no nos parecían siquiera borrosas).

La revolución llegó con la conexión a Internet. Los viejos teléfonos que heredaban se empezaron a colapsar y relentizar ya que Facebook i WhatsApp sacaban humo, y ellos seguían almacenando y almacenando fotografías de los nietos, conversaciones con parientes lejanos, y recuerdos en blanco y negro capturados con flash y la cámara del mismo móvil, compartidas entre amigos re encontrados de otras vidas trepidantes.

Teléfonos que eran más lentos que mi hija cruzando un paso cebra, y que finalmente fueron reemplazados (por fin, después de muchas revisiones profesionales -de nosotros, los hijos-) por un SmartPhone sencillito, pero nuevo, y con una gran de tarjeta de memoria para que no te molesten durante meses por un molesto indicador al tomar fotos anunciando un terrorífico y estremecedor ‘Memoria llena’.

El camino no ha sido fácil para ellos, no voy a incidir mucho en este aspecto que podría darnos para unos cuantos posts más, aunque si agradezco tantos momentos y lo que hoy nos facilita la vida que tengamos unos molones abuelos 2.0.

Momentos memorables y difíciles de olvidar, como mi ‘iaia’ gritando más que hablando en voz alta a mi hermano en Reino Unido durante las llamadas, o mediante Skype besándole a la pantalla (como si de su cara se tratase) y presignándole en la misma pantalla táctil. Una de las más recientes y divertidas que sigue ocurriendo es ver el agujero de la oreja de mi padre cuando contesta a una video llamada de WhatsApp, porque aún no las distingue de las llamadas normales.  “Papá,…Te veo la oreja…”

Hoy puedo encargar a mi madre por WhatsApp cuatro cosas para que las compre a la pescadera de confianza en el mismo momento que sé que sale a comprar, o recordarle la dosis actual de Apiretal (bendito sea) de mi hija. Los abuelos ven crecer a sus nietos y reciben fotos cada día aunque pasen días semanas sin poder abrazarse, sustituyendo aquellas frías llamadas (casi siempre pactadas), por divertidas video llamadas de WhatsApp o Skype. Ellos alardean mostrando sus fotos cuando alguien pregunta por sus nietos, dejando atrás aquellas viejas fotos en la cartera, algo arrugadas por el paso del tiempo.

Hace unos días hemos creado un grupo familiar donde hablar y compartir cosas de la familia, y como no, los abuelos entusiasmados siempre son los primeros en contestar aunque se pasen algunos minutos escribiendo un escueto texto. Y no me río, todo lo contrario contrario.

Sorprende y sobretodo me alegra verlos entusiasmados de nuevo comentando noticias que recientemente leyeron sin haber salido a comprar el antiguo periódico, ni hablar con la panadera como antaño. Que se sienten parte de algo, de nuevo; y eso desde hacía tiempo no ocurría: un simple grupo de WhatsApp familiar donde siempre terminan siendo el foco de las bromas, un reencuentro de ex alumnos del año cincuenta y poco organizado en Facebook por aquellos compañeros mencionados siempre en las mismas batallitas, recibir unas fotos actuales de la calle del pueblo donde nacieron y hace siglos que no regresan, o simplemente reenviar vídeos y chistes, sorprendiéndose de la cantidad de barbaridades que circulan por la red, e incluso comentando un ‘amén’ en una foto viral en Facebook para que cure una persona que padece cáncer, y todo esto a partir su inocencia y buena fe.

Estos son los abuelos de hoy, preparados para recibir un WhatsApp en cualquier momento para recoger la nieta de la guardería porque nos han llamado diciendo que se encuentra mal, e incluso se atreven a hacer algunas compras navideñas en outlets online como Privalia.

Gracias abuelos; ‘súper Abuelos 2.0’.

 

Seguro que en todas las casas se viven situaciones como estas, divertidas, espontáneas, que nos arrancan unas carcajadas en familia en el mejor momento. Si queréis compartir vuestras anécdotas o os apetece comentar, estáis invitados. Os espero.

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