El día que salen a la venta los juguetes de madera de LIDL

Hoy, llegó el día ‘D’. La hora ‘H’ equivale a la hora de apertura de los supermercados de la cadena LIDL.

Como cada año, a finales de noviembre, Lidl pone a la venta una serie de juguetes, hechos con madera que proviene de bosques ecológicamente gestionados y libres de talas indiscriminadas. Además, están diseñados orientados hacia valores pedagógicos con los que cada artículo es catalogado mediante símbolos. En este enlace, podéis echar un vistazo al catálogo de juguetes de Lidl, para estas navidades.

Algunos de sus artículos top son la cocinita, el mercado, la casa de muñecas – de campo o de ciudad -, la pista de tren, o la gran variedad de puzzles y coches de que disponen. Se caracterizan por ser tremendamente duraderos, por utilizar tintes vistosos pero seguros, y por competir de manera brutal en precio respecto a modelos similares de otras marcas y superficies.

Además, y lo más curioso de todo, es que las unidades son limitadas, y su venta suscita grandes carreras, codazos e incluso peleas entre los padres y abuelos que acudimos como salvajes (Repito. Si, ‘como salvajes’, habéis leído bien) a dicho supermercado para hacernos con alguna unidad.

Y hacerse con los preciados juguetes no moco de pavo, señores. 

Primer paso: madrugar. Si, madrugar. Si no vives en la ciudad, o como es en mi caso a 30km de la ciudad más cercana, te tocará madrugar, ya que abren a las 9:00h. Y por si fuera poco, hazte con alguien que lleve a tu hijo al cole (dígase padre, abuelo, tía, vecina o mamá del cole), si no dispones de horario de acogida matinal.

Si todo ha ido como se espera, a las 8:55h te encuentras con una cola de unas 30 o 40 personas frente a una puerta acristalada. Algunas armadas con carros, cestos, listas de la compra, folletos, e incluso organizados por equipos distribuyéndose los objetivos a alcanzar. (Foto real tomada por mi misma -la tercera por la cola-, que sirve para ilustrar la estampa)

Cuando se abren las puertas, se desata la locura. Así, literal.

Aparece gente de los laterales de la fachada del supermercado que durante los 5 minutos de espera, jurarías que no estaban allí, y que si estaban, debían esconderse tras los coches aparcados, si no, no hay explicación lógica y científica para ello.

A la vez, las personas hacinadas en la cola frente a la puerta junto a la marea anteriormente descrita de espontáneos, corren como si no hubiera un mañana hacia el punto central del área de la superficie comercial. ¡Sobretodo: No te confundas! Siempre hacia el medio del súper, de lo contrario, cuando llegues ya no verás carros con productos, tan solo verás un pelotón de gente, luchando por los productos más valorados debido a las escasas unidades.

Se podría equiparar al festejo taurino de San Fermín: carrerón, pelotón, consiguiente lucha por la supervivencia, llegada a la plaza de toros (cajón desordenado donde se ubican los juguetes), y, es en ese preciso lugar donde se realizan las mejores exhibiciones de los recortadores/compradores (si los equiparamos a la variedad de cosas que llega a hacer la gente comprando, ahora os cuento un poco más).

Pues bien, si has sobrevivido a todo lo anterior y te has hecho con tu(s) producto(s) sin salir herido ni contusionado; y necesitas tomar un poco de aire antes de dirigirte a caja a pagar, puedes alejarte unos metros de la zona de conflicto, apoyarte en ese bendito carro, y observar mientras recuperas los niveles saturación y oxígeno. Puedes respirar, aunque no te despistes: vigila tu carro, en todo momento. 

Jamás te alejes de él: tus preciados juguetes pueden ser sustraídos por algún abuelete (por ejemplo) al que no vas a tener narices de sacarle los colores, o bien porque corre más que tu, o bien porque no tiene vergüenza.

Puede que observes cómo hay unos pocos señores de origen chino cogiendo y llenando varios carros con decenas de unidades de cada artículo, supongo tienen muchos hijos, sobrinos, nietos, y compromisos navideños. Por otro lado, hay abuelos que llegan con una larga lista de artículos encargados por sus hijos, que se las apañan la mar de bien en ese caos para lograr su objetivo, aunque luego provoquen interminables colas en la caja ya que quieren un tique para cada hijo y comanda.

Puede que observes cómo no todos se arman de los mismos instrumentos para transportar sus tesoros. Yo soy más de carro, otros de cesto, otros de varios carros a la vez, pero hoy es la primera vez que he visto un cliente utilizando un palé propiedad de la superficie para apilar y transportar hacia la caja, yo creo que cerca de un 15% de las unidades que hoy se ofertaban de esta categoría. Una hora después de la apertura del supermercado ya proliferaban en wallapop y otras plataformas, anuncios con los dichosos juguetes a precios desorbitados. No digo más…

Además, acerca de estos eventos, circulan incluso leyendas urbanas e historias de tradición oral, tales como que un marido resultó agredido por un grupo de abuelas durante una pelea por el último artículo, o que durante las típicas carreras en la hora ‘H’, un bebé y el carrito en el que iba resultó atropellado y aplastado por carros de la compra, resultando gravemente herido. Ironía modo on, no hace falta decirlo.

Aunque sí que es cierto que durante esta semana, es habitual leer en grupos de madres, anécdotas y percances inverosímiles, que nos hacen interrogarnos algunas cosas: ¿que estamos inculcando a nuestros hijos?, ¿vale la pena todo esto por los juguetes?, ¿hasta donde estamos dispuestos a llegar? ¿somos peores los progenitores que los niños?

No trato de acusar a nadie de consumista, ni mucho menos, mi post nace mi experiencia en mi primera carrera atlética para hacerme con una casita de muñecas, y sus accesorios.

Y no tengo problema en decir que sí, que la he comprado porque me ahorro unos (bastantes) eurillos, para qué negarlo, y porque es el modelo de juguete que más desea desde hace algunos meses.

Y vosotros: ¿caéis en la tentación?, ¿sucumbís al consumismo?

Déjame un comentario con tu visión sobre el asunto, o bien, si te apetece, cuéntame si has presenciado o tomado parte en algún percance por conseguir un juguete.

Estoy seguro de que en este, como en tantos otros casos, la realidad supera la ficción. 

Saludos y… ¡limones!

Lola Limón

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